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El fiasco que viene, Juan González Febles

La última de las ilusiones que alcanzó resonancia externa e incluso interna es la Demanda Ciudadana Por Otra Cuba. Con ella se promueve y se da a conocer dentro de Cuba la exigencia dirigida al régimen militar para que ratifique los Pactos Sobre Derechos Sociales, Políticos y Económicos promovidos por la Organización de Naciones Unidas (ONU). Unida a esta, se lleva adelante la promoción del contenido de los pactos y la exigencia de que el régimen militar cubano se decida por fin a ratificarlos. Los pactos sobre derechos civiles, sociales y económicos fueron firmados en su momento por el entonces canciller Felipe Pérez Roque. La Organización de Naciones Unidas (ONU) no concede carácter vinculante ni a la firma ni a la ratificación de los mismos.

Durante la década de los 80 del pasado siglo XX algunos entre los países del llamado campo socialista europeo, firmaron y hasta ratificaron esos pactos. La lección de la historia fue que la firma o incluso la ratificación de los mismos no impidieron a estos gobiernos, tomar las medidas de fuerza que tomaron -en circunstancias apremiantes- contra sus pueblos. Los gobiernos de la Polonia comunista y de felizmente extinta RDA, no dudaron en usar la fuerza militar contra sus pueblos o pasar por encima de la letra y el espíritu de esos pactos. Se trata de que los mismos, ya sea que se ratifiquen o no, nunca son vinculantes. No existe forma de obligar al o a los bandidos políticos de que se trate, para que los respeten.

Entonces, la Demanda Ciudadana Por Otra Cuba, cumple un importante rol de agit prop o de movilización ciudadana y nada más. Este rol en las condiciones de la Cuba actual, no deja de ser un importante paso de avance. Pero de ahí a afirmar de que la mera ratificación de tales pactos resolverá el problema o las contradicciones con la dictadura militar habanera, es solo concederle los plazos o el tiempo que esta desea ganar, para reformular su esencia militarista y totalitaria. De todo esto saldrá la papilla política digerible para la deglución por parte de los poderes reguladores internacionales, la Unión Europea y los tantas veces erráticos, Estados Unidos.

Visto desde esta óptica, las campañas o la campaña para la ratificación por parte del régimen militar de los pactos con la ONU, se traducirá en un gran fiasco o en el gran espejismo que no conducirá a parte alguna. Si solo se trata de la movilización o de sumar adeptos, vale. Pero si se trata de generar un margen más ambicioso de expectativa ciudadana, se trata de un fiasco o lo peor, un fraude.

De acuerdo con la experiencia histórica acumulada por el movimiento pacífico y civilista cubano pro democracia, este nunca pudo crecer vinculado solamente a las premisas de su difícil entorno. Desde el surgimiento en 1976 de este tipo de lucha, con el histórico primer Comité Cubano Pro Derechos Humanos, la intervención del exilio cubano asentado fundamentalmente en La Florida, Estados Unidos de América, ha marcado una impronta que no siempre benefició a este movimiento. La instalación de una próspera y pujante comunidad cubana exiliada, marcó pautas que ejercieron y ejercen una influencia marcada sobre el movimiento pro democracia en Cuba. Esta influencia ha demostrado ser positiva en algunas ocasiones y extremadamente nociva en otras.

Tal intervención en ocasiones pretende hacer crecer la resistencia al régimen militar, mediante la imposición de estrategias, la creación artificial de líderes y la división, partición o extinción de proyectos nacidos en suelo cubano que son estorbados desde afuera de muchas maneras, con independencia de que estos sean exitosos o no. Los principales obstáculos para la creación de un foro o de una oposición articulada y unida, no los aportó ni los ha aportado la tenebrosa y eficiente policía Seguridad del Estado al servicio del régimen militar. Se trata de la imposición de enfoques y opciones que sin tomar en cuenta las necesidades Cuba dentro, son impuestos desde ese exilio a partir de su abrumadora presencia política en USA y el consecuente poder mediático y económico que le sirve de respaldo.

Por esto, esperemos que la fe pública ciudadana no vuelva a verse defraudada. Esperemos que este espejismo en relación con la Demanda Ciudadana Por Otra Cuba no se convierta o de hecho sea, otro peldaño o la rampa política de lanzamiento de algo, venido como de costumbre desde este exilio y que solo por nuevo, nunca será mejor. Algo que hasta este instante no parece delinear con caracteres de nitidez prístina, el santo y seña de la palabra democracia, no sirve para Cuba. La democracia representativa y liberal es y será lo único que puede salvar o salvará a la nación cubana, para una forma posible de vida o sobrevida después de Castro.
j.gonzalez.febles@gmail.com

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