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El entierro prematuro, Juan González Febles

Tomo prestado mi título para esta entrega, del genial novelista norteamericano Edgar Allan Poe. De Allan Poe y para lo mismo, podría haber tomado El caso del señor Valdemar, pero me parece que para lo que me propongo, resulta más sugerente El entierro prematuro, que las dramáticas peripecias del pobre y angustiado señor Valdemar.

Los rusos esperaron casi más de dos años luego que murió Stalin, para desacralizarlo y culparlo de todo lo malo que pasó con Rusia y con el comunismo. Fue en el XX Congreso del PCUS que Nikita Jruchov denunció “el culto a la personalidad”, las terribles “infracciones a la legalidad socialista” y los “horribles crímenes” cometidos por orden directa o indirecta de Stalin.

En Cuba, -¿quién lo duda?- somos mejores y mucho más originales. No hizo falta que Fidel Castro muriera. Ya lo entierran en vida en su propio estiércol. Desde los lineamientos y la actualización del modelo económico queda claro que parafraseando el anti poema del Indio Naborí, el desastre tiene un nombre, solo tiene un nombre: Fidel Castro Ruz.

La comparsa anti homofóbica liderada por la Dra. Mariela Castro, se propone -entre otros esqueletos- sacar a la luz los abusos en las llamadas UMAP. Pero de aquellos atroces momentos surge imperfecto de las entrañas del horror, el espectro terrible e insepulto de Fidel Castro y esto es un aporte esplendoroso. Resulta que el pobre hombre pensó en 1953 que la historia lo absolvería y no fue, o no será así. A quienes les ha tocado juzgarlo condenarlo y enterrarlo bien profundo en estiércol fresco y actualizado como el modelo económico, ha sido a su propia gente. Se irá embarrado y con deshonor. Por cierto, tampoco conseguirá el tan ansiado Premio Nobel. El compañero Dios es terrible cuando le da por escribir derecho en renglones jorobados. Amén Venceremos.

Hasta he logrado saber que en corrillos semi oficialistas, se comenta que Fidel Castro es el único responsable de los procesos y ejecuciones sumarias hechas bajo su mandato. ¡Qué cosa! No se trata de que no sea responsable, se trata de que no sea el único responsable. Hace falta algo más que un criminal para que una orden criminal sea cumplida. Entonces, digamos que para esto es necesaria una larga carretera de personas viles que cumplan con la orden o con las órdenes criminales y que cada vil es, o fue, tan criminal como quien dio la orden original.

Lo mejor de esta historia es que ninguno de los que participa con entusiasmo en el entierro prematuro del Comandante, tuvo coraje cívico para oponerse al cumplimiento omnímodo de su voluntad. Las denuncias y las críticas sobre el carácter cruel y anticubano del actuar del Comandante, salieron hasta hoy de opositores dentro y fuera de Cuba. Fueron emitidas por activistas y periodistas, a los que más tarde se sumaron blogueros y otros actores cívicos de la sociedad civil, o de los exilios, hoy llamados de forma impersonal, diáspora.

De vuelta con la nueva tormenta de estiércol-manía recién desatada, llegó a Miami –donde si no- un desertor que fue jefe de servicios médicos del Minfar. El exjefe de estos servicios, coronel Roberto Ortega, terminó de enterrar al cardenal Jaime Ortega Alamino en su propia caca. ¡Qué les parece!  Con la experiencia de vida o de no vida que tengo, no deja de asombrarme como estos adalides cambian de casaca y llegan siempre con los pies secos a Miami. ¿Alguien los ayuda? ¿Será que alguien por acá decidió salir de Jaimito? ¿Será unilateral o también alguien desde Roma lo aprobó? Eso es poco trascendente y el mañana dirá. Lo cierto es que todo está muy por debajo de la saga del Comandante, recordista Guiness en atentados. No hay cosa o no hubo cosa más importante. ¡Como cambiaron los tiempos! ¡Como cambiaron las cosas!

Lo verdadero, es que será una verdadera pérdida no contar con las impresiones del protagonista, sobre su entierro prematuro. A lo mejor, el Comandante hasta logra en sus finales una comparecencia breve, concisa y aclaratoria en alguna Mesa Redonda sobre el tema y por favor: ¡Qué sea la última!

Quizás su acuciosa cronista, la señora K Blanco –quien mejor- en un futuro aporte sobre el particular. Bueno, eso si no contribuye también con alguna que otra paletada de tierra o de estiércol al entierro prematuro. Esto le pasa al Comandante por querer joder, perdón, vivir 120 años. Ahora llegó el momento del oportunismo, de “salvar la revolución y nuestro socialismo” y, se necesita un culpable. La democracia puede esperar. ¡Amén, venceremos!
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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